Gracias a la Ley Justina la lista de espera del INCUCAI tiene menos personas en sus listas de espera

Fotografía: Wallpaper Flare

La Ley Justina fue impulsada por el diputado radical Juan Carlos Martino y aprobada por unanimidad en en la Cámara Alta del Congreso de la Nación. El proyecto surgió a propósito de Justina Lo Cane, una niña de doce años que murió en el Hospital esperando un trasplante de corazón. En consecuencia se modificó la ley ya establecida, la cual expresaba que una persona era donante si así lo decidía. Ahora, en cambio, aquellos que no desee dar sus órganos lo tendrá que manifestarlo.

Según datos del El Instituto Nacional Central Único Coordinador de Ablación e Implante (INCUCAI), en líneas generales la cantidad de pacientes en lista de espera se ha acortado en la mayoría de las provincias. Por ejemplo, en los principales puntos del país,  como la provincia de Buenos Aires, en septiembre 2018 había 3199 personas en lista de espera, para este año se redujo a 2966. Otro caso, como el de Capital Federal, el año pasado había en espera 468 y ahora hay 426. 

Desde la entidad, el coordinador de prensa, Licenciado Pablo Rabotnifok dijo que “Sin dudas, la Ley Nº27.447 fortaleció al sistema de procuración y agilizó y simplificó los procesos de donación y trasplante. Algo que resulta claro si se comparan el primer semestre del 2018, en el que se concretaron 279 procesos de donación y el segundo semestre luego de la aprobación de la Ley, con 422 procesos realizados”.

Listas de espera de donación de órganos y de tejidos de INCUCAI

Además, Rabotnifok mencionó la cifra de aquellos que se oponen a la donación de órganos: “Llegó a sus niveles más bajos, alcanzando en el mes de agosto un mínimo histórico de 16% y manteniéndose desde entonces en ese nivel, luego de haber empezado el año con cifras cercanas al 50%. En lo que va de 2019 las cifras de donantes y trasplantes siguieron creciendo, lo que tiene un impacto en la reducción de los tiempos de espera de los pacientes que aguardan por un trasplante”, explicó. 

Por último, el Licenciado argumentó que aceptar la disposición de órganos una vez muerto no es solo un fenómeno social, sino que también de salud pública. “Creemos que la sociedad argentina acompaña y apoya claramente la donación de órganos, algo que se ve reflejado en las más de 3 millones de personas que se registraron como donantes”, continuó Rabotnifok.

“Debemos entender que más allá del acompañamiento fundamental de la comunidad, sostener el crecimiento alcanzado no es una tarea de la sociedad, sino que es producto del trabajo del sistema sanitario en su conjunto. La donación de órganos es un acto médico y la tarea del profesional no finaliza con la muerte de un paciente, sino con el trasplante de otras personas que lo necesitan”, concluyó.

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